Desde la Montaña Central Leonesa, un grupo de personas que habitamos y disfrutamos este territorio nos sumamos a la celebración de la diversidad que tiene lugar con motivo del Día Internacional del Orgullo LGTBIQA+, el pasado 28 de junio.
Para nosotrxs, estas siglas hacen referencia a la diversidad afectivo-sexual de las personas, pero no solo eso; también son el marco perfecto para recordar la diversidad en un sentido amplio, donde el respeto y la convivencia de las diferentes maneras de ser, de vivir y de relacionarnos también tienen que suponer un respeto por el entorno y todos los seres que lo habitan, vivos e inertes.
La Cuireño quiere no solo celebrar en el rural, sino también con lo rural, y es por ello que reivindicamos la filosofía de los bienes comunales, de los concejos y las facenderas, redes de apoyo mutuo que siempre supusieron un modo de organización informal en estos pueblos y que hace décadas apenas se mantienen.
Reivindicamos también el rescate de los saberes populares, la arquitectura tradicional, el folclore y otras manifestaciones culturales que han sufrido el menosprecio y el descrédito, sin por ello renunciar a las manifestaciones culturales más actuales y experimentales, creyendo firmemente que en la mezcla y en la frontera, en lo bastardo y en lo híbrido, se encuentra el lugar común que nos gustaría ayudar a construir.
Por último, no podemos olvidarnos del pasado de estas tierras y de todas aquellas personas que, antes que nosotras, las habitaron y vivieron la discriminación, el abuso o el destierro por el simple hecho de ser diferentes, de pensar distinto o de no acatar la ley del silencio, que poco a poco termina por minar la esperanza de una vida digna y feliz en nuestros pueblos.
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En un momento en que el mundo peligra bajo las llamas del odio, el racismo, la xenofobia, la LGBTIfobia y el heteropatriarcado, no podemos guardar silencio. Lo que hoy viven las personas migrantes en Europa, y especialmente ahora en Estados Unidos, y por supuesto, el pueblo palestino bajo el genocidio en Gaza. Y tantas otras comunidades oprimidas en el mundo, es parte de una misma maquinaria de violencia.
Esa máquina necesita aplastar lo diferente, borrar los cuerpos que no encajan, callar las voces que cuestionan el poder y, sobre todo, no dejar espacio a aquellas que cuestionan el sistema económico imperante, que, además de desigual, es un peligro para la vida.
¡Reivindicar la diversidad en el rural es romper el cerco del silencio y la violencia!
No aceptamos que la vida en nuestros pueblos sea secuestrada por discursos conservadores que invisibilizan, marginan o atacan a quienes somos diferentes. Tenemos derecho no solo a vivir sin miedo, sino también tenemos derecho a existir plenamente, a construir colectivamente mundos donde quepamos todxs, y eso es la Cuireño.
Y frente a eso, nosotrxs respondemos con fuerza y diversidad, pero con otras herramientas, no las suyas. Nuestras herramientas son el diálogo entre diferentes, la reivindicación del bien común, del consumo local, del cero derroche y, por supuesto, volver a la fiesta frente a la guerra, a la alegría frente a la pelea, a alzar las panderetas y los bailes frente a cerrar puertas y ventanas para no ver al de al lado.
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